El poder del nombre: por qué preferimos la marca conocida

¿Quién no ha escuchado alguna vez a alguien diciendo (o lo ha acabado diciendo uno mismo…) que mejor comprar una cosa que otra ‘porque esa marca es ya conocida’? Es bastante probable que no nos demos cuenta mientras estamos defendiendo el por qué compramos una cosa o por qué compramos otra que este elemento está teniendo un impacto directo en nuestras decisiones de compra y, sin embargo, lo está haciendo.

¿Por qué nos importa que una marca sea conocida o que otra no lo sea? En realidad, se podría decir que funciona el mismo mecanismo que nos hace ser más cuidadosos cuando abrimos la puerta de casa a alguien a quien no conocemos que a alguien a quien sí lo hacemos.

De uno esperamos siempre lo peor y de otro esperamos lo mejor, por lo que el modo en el que interactuamos con unos y con otros (incluso si saber nada realmente de unos o de otros) es completamente diferente. Solo hay que fijarse en los grados de apertura de la puerta la próxima vez que nos enfrentemos a esta situación. A medida que más conocido o más esperable era la persona que está timbrando, más abrimos la puerta para recibirla.

Con las marcas, al final, pasa lo mismo. Cuanto más conocemos a una marca, más confianza le otorgamos a lo que hace y a lo que nos ofrece. Esperamos menos que cometa un error y no analizamos con tanto detalle lo que nos está poniendo delante. Cuanto menos conocemos una marca, actuamos de modo completamente diferente. Vemos la situación de un modo mucho menos positivo, somos mucho más críticos y somos mucho más desconfiados.

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